El trillado argumento del ‘vicio, delincuencia y drogas’ no es suficiente para detener el progreso

Hawái empieza a pensar en casinos

Solamente existen dos estados de la unión norteamericana donde no existe legalización de juegos de azar, sin embargo tanto en la archi conservadora Utah, como la tropical Hawái, existen jugadores que viajan a Las Vegas, Macao, o simplemente apuestan a los caballos o en el bingo parroquial, además del futbol americano, beisbol o basquetbol.

Lo que es cierto, es que la gente apuesta buen dinero en una industria que prosigue su crecimiento global en medio de la peor catástrofe económica de todos los tiempos. Las noticias tanto de Macao como de Singapur, de la semana pasada, y porque no decirlo también Las Filipinas, anteriormente, sobre los beneficios económicos que las tasas fiscales llevan a esos países, han empezado a inquietar a los impulsores de juegos de azar en Hawái, en momentos que los presupuestos estatales no son suficiente para cumplir con sus objetivos sociales.

Así como en otros estados de la unión, la legislación del juego ha reforzado la recaudación tributaria, los legisladores hawaianos, que también se enfrentan a un enorme déficit fiscal, están considerando la posibilidad de legislar casinos para ampliar su oferta turística. Con textos prestados de estados como Florida y Pensilvania, entre otros, quienes favorecen la instalación de casinos en Hawái insisten en la generación adicional de puestos de trabajo e impulso a la economía con la apertura de casinos.

Es que Hawái lo tiene todo para que tanto turistas como jugadores la prefieran como destino a Las Vegas o Macao. Por lo menos esto es lo que afirman gente como Ricky Graves, un residente de Honolulu que viaja dos o tres veces al año a Las Vegas, añadiendo: "A la gente le gusta apostar. Los hawaianos son jugadores por naturaleza".

Tanto en Utah como en Hawái, los oponentes del juego se colocan en una posición moral superior, citando el trillado argumento del ‘vicio, delincuencia y drogas’, para meter la cabeza en la arena, mientras la economía local se desbarata como consecuencia de los trastornos contemporáneos.

La falta de criterio es tan evidente en gente como Dianne Kay, presidenta de la Coalición contra la Legalización de los Juegos de Azar en Hawái, quien dijo: "La gente no viene a Hawái para estar encerrada jugando en un casino. Sería lamentable si destruimos el lindo ambiente que tenemos aquí".

Y no solamente la falta de criterio, sino la pobre evaluación en la ampliación de ofertas turísticas globales, donde la gente no solamente puede disfrutar del lindo ambiente que tiene Hawái, sino que también puede jugarse unos dólares en los casinos y dejar su respectiva contribución a las arcas estatales. Sin ir muy lejos, Las Vegas es conocida como la novena isla hawaiana, pero eso no quiere decir que la oferta del ambiente hawaiano en los resorts cree mermas significativas a los casinos.

Los proponentes del juego dicen que existen cientos de miles de hawaianos que se meten en una lata de metal durante 6 horas para visitar Las Vegas varias veces por año, lo cual indica que ya existe un mercado local del juego que daría inmediato beneficios a la economía local.

La situación actual, con la llegada del juego online, los juegos de póker ilegales, la peleas de gallo tradicionales, aunque ilegales también, y otras actividades lúdicas en las gloriosas islas del Pacífico sur, genera mucho más vicio y delincuencia que los casinos bien regulados. (E-07.16.10)

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