Se nota que las elecciones se vienen en México porque empiezan a aparecer políticos haciendo comentarios sobre algunos temas de controversia en el país, como los casinos o salas de juegos, apuestas y sorteos, o algo así, que es como en realidad se deben llamar de acuerdo a la Ley.
Los comentarios del diputado Víctor Fuentes Solís sobre la instalación de casinos en “zonas específicas para casinos ya que la gente sigue acudiendo a estos centros de entretenimiento”, es algo aceptable. Pero cuando se refiere a “zona exclusiva para la instalación de casinos como sucede en otras partes del mundo como Monte Carlo y Las Vegas, donde las personas pueden hacer uso de este tipo de entretenimiento sin ningún problema”, entonces debemos preguntarnos si el diputado Fuentes Solís, en realidad sabe lo que dice.
Simplemente, porque Monte Carlo es un principado, es decir un estado nacional independiente; y Las Vegas, una ciudad dentro del estado de Nevada en EEUU. Ninguna de estas jurisdicciones del juego son zonas y si bien es cierto, Monte Carlo se encuentra prácticamente dentro de Francia, Las Vegas es solo una de las ciudades de Nevada con casinos, que existen en todo el territorio estatal, tanto en ciudades como en pueblos y hasta villorrios.
Lo que existe en México es una especie de casinos consentidos, porque no se encuentran dentro de la legislación ni del reglamento que están bajo la autoridad de la Secretaria de Gobernación.
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Y es la falta de claridad de la legislación mexicana para el funcionamiento de salas de apuestas y sorteos es la que carga la responsabilidad a los municipios, que deben otorgar los permisos de uso de suelo para el funcionamiento de las casa de juego que tienen el permiso para operar salas de juegos y sorteos de la Segob, según el reglamento del 2004.
Como se viene la época de elecciones, empezarán los debates sobre una ley de casinos para México. Pero como en los diez años anteriores los ruidos sobre casinos se quedarán en debates, quizás con promesas de estudios de proyectos legislativos, pero de ahí no pasarán adelante.
Lo cierto es que de una forma o de otra, la Ley Federal de Juegos y Sorteos de 1947 y su Reglamento del 2004, han llevado su corriente legal al rio revuelto que es la industria de juegos mexicana, donde se puede ver a los pescadores vistiendo traje de político, letrado, empresario, operador o autoridad, ya sea municipal, estatal o federal, levantándose sendas ganancias en metálico en un rio bien revuelto y sin lanzar cuerda o tener anzuelo. (S-06.24.11)
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