¡Te apuesto!
Por Ricki Chavez-Muñoz
El robo en los casinos de juego
Bueno, esto en realidad no es noticia, porque si en los más grandes casinos de Londres, Las Vegas y Macao, los pillos roban de lo lindo, ¿por qué en Argentina, Perú o México tampoco lo podrían hacer?
Cuando empezaba la carrera como director de operaciones en el gran casino Wild Coast Sun, al sur del país sobre el océano Indico de Sudáfrica, que es un lujoso resort con campos de golf, salón de conferencias, hotel 5-estrellas, 50 mesas de juego y más de 1.000 slots, mi jefe, quien me había head hunted para su difícil trabajo de reconstrucción operativa de los casinos de la empresa Sun International, me dijo: “Ni me digas que estás contento con los cambios que has hecho, porque aquí donde estas, te están robando en el casino”.
Por supuesto que esa aserción nominal, de que por más controles y procedimientos operativos que uno le ponga a una operación de raudo movimiento de dinero, como es un casino, no va a detener por completo al sujeto deshonesto ni a sus artificios para montar su operación delictiva, se basa sobre dos verdades que rigen las actividades empíricas: “La ocasión hace al ladrón”, y “El ojo del amo engorda al caballo”.
Cuando un equipo de ladrones se llevó más de US $3 millones del famoso Ritz casino de Londres, hacen varios años, al toque, nuestra evaluación fue de la falta de dirección operativa para permitir el robo. Porque por donde se le mire, los operadores se quedaron dormidos, y los genios tecnológicos con la ayuda de una rubia y su acaramelada voluptuosidad le sacaron el alma a las mesas de ruleta, con regla de tres simple y directa incluida.
¿Y los elegantes ejecutivos? Pues si por lo menos no pudieron dejar de presentar la oportunidad para el robo, deberían haber tenido mayor cuidado con la propiedad de quien les paga miles de esterlinas para hacerlo; bueno, estos, pues mostrándole las muelas a la rubia mientras les rompían todos los ceros del mundo.
Meses después, conversando sobre el asunto con gente que sabe, la conclusión fue simple. Si las disciplinas de operaciones de casino de seguridad y vigilancia interna, o surveillance, como se le conoce más propiamente, no se llevan con inteligencia, y hacen que éstas se complemente de los controles de auditoría interna y se apliquen en las operaciones de juego, las oportunidades son muchas, y los ladrones no necesitan dos dedos de frente o regla de tres para hacerse de dinero, y deshacer reputaciones.
La clase mexicana
Últimamente, un amigo consultor en México, me contaba que varios de los instrumentos de juego, que por la coyuntura de las operaciones mexicanas, no son de propiedad del permisionario, propietario del local, u operador de la salas de juegos; sino de un aventurado concesionario de slots, que las había colocado en el ‘casino’ mexicano ganando un porcentaje como recompensa a su inversión, fueron vulnerados de la forma más simple.
Durante cerca de dos semanas, los ladrones en complicidad con gente de la sala de juegos se llevaron la mayor parte de la recaudación de estas máquinas, causando ingentes pérdidas a los propietarios. Y no fue con pistola o puñal en un crudo asalto a mano armada, sino que como los ladrones de cuello blanco, estos delincuentes se llevaron el dinero y salieron por la puerta principal, y en varias ocasiones.
Usted pensará, y los supervisores ¿no hicieron nada? ¿Y los operadores, no hicieron nada? El experto operador estará pensando ¿en que estaba la gente de vigilancia interna, los jefes de sala, los auditores internos? para permitir que el latrocinio se repita día tras día, con descanso los fines de semana, por supuesto, ¡porque hay que descansar, pues!
Al fin, cuando las pérdidas ya alarmaban a los ejecutivos de la sala, se realizaron los despidos respectivos, pero que yo sepa, no se ha reportado a nadie ante la policía. En verdad, en la mayoría de casos de latrocinio en los casinos de juego, la policía interviene poco, porque existen operadores que prefieren resolver casos de seguridad mediante despidos de personal, que han estado involucrados, por negligencia, o porque le dueño les tenía ojeriza.
Cuando el casino o sala de juego está controlado por una empresa o individuo, se busca recuperar los fondos comprometidos y si es posible denunciar a quien delinque. Me cuentan que en el caso mexicano, los diversos intereses al frente de la organización tenían diferentes opiniones, con excepción de echar a varios empleados; y comunicaron la pérdida al propietario de las máquinas, quien simplemente, no sabía por dónde empezar.
Los que pierden
Los primeros que pierden en un timo de casino son los empleados, por verse estos, de alguna forma, tocados por el acto delictivo, ya sea por negligencia o por omisión, o ser cómplices en el robo. Quienes son parte del grupo de ladrones, ya sea porque son arrastrados al delito o porque lo han planificado, tiñen por siempre su hoja en blanco de la honradez.
Los operadores pierden no solamente el caudal, sino la credibilidad de tener una operación invicta ante el crimen. Con los operadores pierden las secciones de vigilancia y auditoría interna, y pierde también el inversionista o dueño del negocio. Además también pierde el Estado, porque las contribuciones o tasas no van a registrar los montos sustraídos. De esta forma, pierde la sociedad al no recibir parte de su patrimonio.
Por último, pierde la industria porque los dineros salen del sector; y porque tampoco existe al momento un agente interconectado de información que pueda recopilar los datos de los robos o transgresiones contra las salas de juego, para mantener informada a la industria. Años atrás existía la agencia Griffin, que recopilaba data de delincuentes especializados en casinos, pero lamentablemente los tiempos y la economía no ha permitido que continúen.
¿Cómo evitar el robo en los casinos?
Definitivamente los robos no se van a extinguir por muy buenos operadores que seamos. Primeramente, porque las operaciones son funciones de conjunto delicadamente entrelazadas que se deben llevar con suma diligencia y optima consistencia, en toda y cada una de sus disciplinas.
Se puede entender que un timo a la mexicana se dé porque existe poca experiencia en el manejo de los casinos en el país, que se ve desbordado por operaciones de juego dirigidas por empresarios e inversionistas que acaban de llegar al sector. Lo que no se puede entender, es que existan operadores como lo hubieron en el Ritz de Londres cuando el robo de entonces.
Porque existen operaciones de salas de juego que se pueden manejar con dos dedos de frente, las disciplinas más simples son las de la intensa vigilancia, seguimiento de jugadores y activos, información interdepartamental, auditoría interna y verificación de cifras y valores; pero todo bajo responsabilidad de un director de operaciones que se haya graduado con largas horas y años, en turnos de trabajo de empresas profesionales de juegos de azar. El resto es saber sumar y restar, sacar porcentajes, y olvidarse de la regla de 3. (S-08.06.10)

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