JUEGO DE PALABRAS
Por Ricki Chávez-Muñoz

Las “Arenas Doradas” de Anapa


Con las noticias de que los planes del gobierno ruso parecen haber fracasado en su intento de crear cuatro zonas turísticas para casinos, autoridades locales desde San Petersburgo hasta Kamchatka, siguen quejándose sobre los casinos ilegales que han aparecido por todo el país, después de que el Gobierno prohibiera los casinos en toda la Federación Rusa. Es que la prohibición nunca ha sido la mejor opción para combatir algo, ni el alcohol, ni la religión, ni las ideas, y esto lo saben muy bien los ex bolcheviques.

Es decir, con un país donde la corrupción deja como aprendices de mago a ciertos países sudamericanos, africanos y asiáticos, donde corre el dinero entre mordidas y ríos de vodka, la decisión de prohibir los casinos en la Federación rusa, hace un par de años, ha sido como jugar a la ruleta fundamentalista, donde el barril del arma está cargado de balas con excepción de uno. Como dicen los americanos con su léxico futurista, “jugando eso, te suicidan”. ¡Ruleta rusa, juego de bebes!

Alexéi Agafónov, vicegobernador de la ciudad de Krasnodar, en la región que perdió el uso de la zona de juegos al trasladarse ésta a Anapar, sobre el Mar Negro, dijo: “Quisiéramos plantear un castigo más duro para los propietarios de salas clandestinas de juego. Hasta el momento, casi el cien por ciento de estos individuos ha logrado evitar una pena serio porque disfrazan sus negocios como agencias de loterías o cibercafés”.

Cuando se cerraron los casinos en Rusia habían en exceso de medio millón de máquinas de juego, y una buena parte de estas simplemente se sumergió al trasfondo del juego delictivo donde hoy prospera sin pagar impuestos, sin control, y en un mundo de negocios bajo el mando de clanes de operadores sin un ápice de escrúpulo. Siempre es bueno hacer esta mención, porque por ahí andan ciertos fundamentalistas de buen nombre amenazando con cerrar tropicales casinos.

Porque al hablar de Rusia, vaya usted a ofrecerle un negocios de casinos a uno de estos empresarios de casinos bamba, en una zona donde no hay pistas, electricidad o agua, y siéntese a esperar, que es lo mejor que pudiera hacer, porque algo más, y es cuestión de encontrar que recias palmas bajo las axilas le elevan del piso hasta colocarlo fuera del sitio de espera, con intensión y alevosía; que es salir con suerte del menester, porque por mucho menos, hoy residen bajo las estepas de Siberia miles de incautos con sus inocentes familias.

Si la decisión del cierre de los casinos fue tomada para aliviar el supuesto vicio del juego que según las autoridades agobiaba a los ciudadanos rusos, que es una loable decisión, la elección de las cuatro zonas debió haberse tomado después de una interminable borrachera con vodka de ochenta grados, porque se puede instalar un “Las Vegas” en un desierto, pero no en Siberia, creo yo.

Y después de que unos empresarios decidieron abrir el único casino en una de esas zonas hasta la fecha, en Krasnodar, pues el ejecutivo decide trasladar la zona y dejar a este casino sin el amparo legal por el cual se instaló. ¿Puede importar que el casino se haya construido a 300 kilómetros del aeropuerto más próximo? El siempre optimista alcalde Agafónov dice: “Hoy en día tenemos un flujo estable de jugadores que acuden a este casino. Es suficiente para que este proyecto sea rentable, pero todavía no funciona plenamente”.

Uno de mis amigos rusos me contó que va tan poca gente al casino que los hombres de seguridad en la puerta ya no van a trabajar porque no se pueden echar ni a ellos mismos. Para que esto se entienda, diremos que en Colombia a este tipo de trabajadores de les conoce como “echa borrachos”, y como el ocio en Rusia va acompañado de ingentes cantidades de vodka, pues la seguridad de estos locales, sanos y buenos, no están, ni en las puertas del casino.

Pero todo no está perdido en la Rusia de los oligarcas, que despellejaron a la USSR para comprarse equipos de futbol en Europa, multimillonarios globales imperios financieros de lavandería o tintorería, bancos, aseguradoras, y uno que otro cargamento de Medellín o México, porque “las Vegas”, sí que puede existir a orillas del Mar Negro. Y para esto existe el proyecto “Arenas Doradas”, en la región de Anapa, en una zona de casi 1.000 hectáreas donde se planea edificar hoteles, restaurantes y centros comerciales. Los nuevos barones rusos pueden dejar gotear unos milloncitos por ahí. ¡Bien bonito, oye!

Andréi Koftun, el vicealcalde de Anapa, que está chino de risa con la idea, dice: “El villorrio de Blagoveshenskaya, con 1.000 hectáreas de terreno disponible, está solamente a 5 minutos del aeropuerto, también hay una vía ferroviaria, y una carretera que pasa por la ciudad. Para nuestro centro turístico, albergar un proyecto de juegos de azar es una buena oportunidad de convertir Anapa en un destino atractivo durante todo el año”.

Los promotores del proyecto “Arenas Doradas” creen que esto ayudará a combatir la industria de casinos clandestinos que abundan en el país porque es un proyecto de parque temático ruso con varios hoteles, restaurantes y centros comerciales, y aunque todavía no han fijado una fecha límite para su puesta en marcha y el proyecto está en su primera fase de construcción. Esperamos que Anapa logre todo lo que se merece el sector legal del juego ruso y que doradas no sean las arenas solamente. (S-01.12.11)